Y tú lo sabes más que nadie. Llevamos meses fingiendo que eramos felices. ¿Porque no acabar a tiempo? ¿Porque no pusimos un punto y final cuando veíamos que todo iba mal? Por miedo. Por miedo a no volver a querer a nadie como nos queríamos. Por miedo a que nadie nos quiera como lo hacíamos nosotros. Por miedo a no encontrar a nadie que esté a la altura. Que te entienda, te escuche. Sabes? No es fácil encontrar a alguien que sepa acabar tus frases.
Quizás no todo fue culpa del miedo. Quizás la culpa también la tuvo la esperanza. Esa esperanza en cantidades industriales que guardábamos en el bolsillo y sacábamos cuando había un mal momento. La que nos hacía pensar que todo podría arreglarse. Cuando en lo más profundo de nosotros, sabíamos que era un final, aunque nuestro corazón no lo quisiera ver. No nos dimos cuenta a tiempo. Dicen que más vale prevenir, que curar. Por no prevenir a tiempo, ahora tengo muchas heridas que sanar.