martes, 3 de julio de 2012

Mirarte como la primera vez.

Como si el tiempo no hubiese pasado. Como si retomáramos aquella tarde de invierno.
Como si no hubiese pasado nadie más por nuestras vidas, concretamente por la tuya.
Como si ella no estuviera, no existiese.
Como si aquel día, que significó mucho para los dos, no se hubiese quedado sólo en 'un día más'. Si hubiésemos dicho lo que sentíamos de verdad. Lo que sentíamos al mirarnos y al abrazarnos. Lo que sentíamos al besarnos. Si no hubiésemos tenido miedo a amarnos ni de arriesgarlo todo el uno por el otro esto no sería así.
No habría tensión. No habrían piques. No habrían tonterías de niños pequeños. No habría un tu y un yo, habría un nosotros. Un siempre. Un infinito. No habría que saludarnos como si fuésemos simples conocidos. Nos saludaríamos simplemente con un 'Buenos días cariño' y tal vez ni eso, tal vez bastaría con un beso cada mañana.
No habría un 'luego hablamos', habría un 'voy a pensarte en silencio'. No habría un 'buenas noches', habría un 'Voy a soñar contigo, y cuando despierte quiero que estés a mi lado'.
No habría confusión, no habrían lágrimas.
Veis? Si hay dos sin tres.